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Primero mujer, después madre

Muchas ya me conocen, pero de igual manera me vuelvo a presentar. Mi nombre es Mónica Zárate, soy mamá soltera y hermana de las dos fundadoras y creadoras de este proyecto tan hermoso que es Learoo. 

Tengo 28 años, ejerzo mi profesión en mi consultorio, soy cirujana dentista y estoy próxima a titularme en la especialidad de Ortodoncia y Ortopedia maxilar; además cuento con una certificación en armonización orofacial (me encanta poner más hermosas a las mujeres con botox y ácido hialurónico).

Me encanta salir con amigas, comidas y desayunos para actualizarnos y ponernos al tanto de todo lo que acontece en nuestras vidas (chismear, jaja). También amo el ejercicio, disfruto tanto ir al gimnasio, me encanta ponerme fuerte y piernuda, jaja. 

Por las noches leo y de vez en cuando me tomo unos vinitos, por qué no? 

Te hablo de mí porque como el titulo lo dice, todas fuimos mujeres antes de convertirnos en madres y eso también es prioridad. 

Sé que a muchas también les pasó que como yo se perdieron en la maternidad y se olvidaron de su ser más puro, básico y biológico que es el ser mujeres. 

Te platico que yo me perdí por más de dos años; renuncié a mi profesión, a mis amigas, a mi tiempo, a mi cuerpo, al gimnasio y hasta a mis necesidades básicas como el comer 3 veces al día y dormir 8 horas porque siempre tenía tiempo para todo, menos para mí. 

Renuncié a todo lo que yo era antes de mi hijo.

Hice esto porque yo pensaba que al convertirme en madre tendría que ser la mejor del mundo, así que creí que para lograrlo necesitaba renunciar a toda mi vieja “YO” y dedicarme única y exclusivamente a la maternidad. 

Fue entonces cuando prioricé a mi hijo, a mi esposo (ahora ex esposo) y prioricé mi hogar. Me propuse a convertirme en la mejor madre y esposa. Y lo logré, pero me sacrifiqué totalmente.

Poco a poco en mi “maternidad perfecta” el insomnio comenzó a llegar a mi vida, la tristeza invadía a mi corazón, tenía todo pero algo me faltaba. No sabía que era, mi hijo estaba sano, feliz y bien alimentado; mi hogar limpio y pulcro; nada nos faltaba hasta que un día comprendí que lo que sentía era la causa de haberme abandonado a mí misma como mujer. 

Gracias a grandes mujeres en mi vida como mi hermana Paulina y mi madre que siempre me apoyan y me aconsejan, también gracias a Laura mi psicóloga, entendí que como mujeres necesitamos momentos en nuestra vida que nos hagan desconectarnos de la maternidad, y no estoy diciendo que te olvides de tus hijos, si no que aceptes la felicidad y recibas el placer que te dan las actividades que a ti te gustan sin que impliquen “ser mamá”. 

Aunque la maternidad me llene de gozo, alegría y orgullo; aunque disfrute tanto los paseos con mi hijo, las pijamadas viendo toy story y los divertidos paseos que nos damos en patín (mi hijo tiene un patín y yo otro, jaja), mis momentos a solas con una copa de vino en la mano, tomándome un eterno baño caliente, mi hora y media de gym, mis desayunos de señoras con mis comadres, etc. no los cambio por nada. 

Recuerda que ser una excelente madre no va en contra de amarte, cuidarte y ser una mujer plena y feliz. Te dejo aquí el link para que leas “perfectamente imperfecta” y de nuevo te agradezcas por lo buena madre que eres y te permitas darte un ratito, aunque sea pequeñito, para apapacharte a ti misma. 

Sé que es difícil encontrar el equilibrio entre ser mujer y madre pero te aseguro que una mujer plena y feliz le transmite exactamente eso a sus hijos. Ellos te sienten y te perciben.

Recuerda que todas las mujeres somos diferentes, cada una encuentra su felicidad y satisfacción en diferentes cosas o actividades y se respeta y se valora.

¡Eres una gran mamá!

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